Por Luis Navarro
Una condición tan grave como la displasia de cadera en perros puede ser un mal controlable a tiempo gracias a exámenes de detección, tratamientos especializados y hasta medidas para prevenir su agravamiento, que van desde dietas ideales para evitar el engordamiento del can hasta arneses idóneos para la reducción de consecuencias irremediables (cojera, dolor, osteoporosis).
Índice
La displasia de cadera es una condición en perros que suele ser el resultado de su envejecimiento y que consiste en la inestabilidad o laxatividad (aflojamiento) de la conjunción de los huesos que forman la cadera (la parte final del hueso femoral, similar a una bola, y el acetabulum, la forma hueca del hueso de la cadera que recibe el hueso femoral).
La articulación de la cadera funciona como una rótula. En los perros con displasia de cadera, la articulación no se desarrolla como debería por lo que en lugar de deslizarse suavemente se frota y muele. Este movimiento da como resultado un deterioro severo con el tiempo y, finalmente, las articulaciones del perro pierden su función.
Los grados de la displasia de cadera en perros, según el Instituto Veterinario de Ortopedia y Traumatología son:
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Existen diversas cusas de la displasia de cadera, desde factores hereditarios o genéticos del perro o tamaño del can (esta enfermedad suele darse en perros grandes como el Golden Retriever, Perro Lobo Checoslovaco, y hasta en razas pequeñas, como los Bulldog francés o el Bulldog inglés).
La displasia de cadera en perros es una enfermedad del desarrollo: los cachorros nacen normales y con caderas normales; las anormalidades de la displasia aparecen durante el crecimiento del can.
Se considera una enfermedad genética causada por un rasgo poligénico, lo que significa que está involucrado más de un par de genes. Debido a que la genética de los perros juega un papel importante en el desarrollo de la displasia de cadera no es posible garantizar al 100% que tu mascota no la desarrollará en el futuro.

Los síntomas de la displasia de cadera en perros a corto y mediano plazo van desde:
En tanto que los síntomas de la displasia de cadera en perros a largo plazo van desde:
Es importante tener en cuenta que existen casos donde los perros pueden no mostrar ningún síntoma evidente de esta enfermedad. Es ideal siempre llevarlo al veterinario para una inspección médica detallada.

Para detectar la displasia de cadera en perros se realizan dos métodos:
Para la buena realización de estos métodos, tu peludo tendrá que estar sedado.
Cabe destacar que de ambos métodos de detección, el de rayos X es el más relevante ya que tiene una metodología cuantitativa: Te indicará cuán laxa (floja) está la cadera., aunque no es ideal su realización en perros jóvenes (se recomienda hacer este tipo de examen al año y, luego, a los 2 años).
El método de detección mediante el tacto se llama “el signo (o test) de Ortolani”, es usado desde 1937 en personas y desde 1985, en perros, y es un procedimiento ideal para la detección de este mal en las primeras etapas de la vida (10-16 semanas).
Para el tratamiento de la displasia de cadera en perros, una vez detectada, podrás decidir junto a tu veterinario las opciones de tratamiento a seguir:

Es ideal conocer cuán avanzada está la displasia, por lo que si le haces una radiografìa (rayos x) a tu engreído cuando es un cachorro, podrás actuar con prontitud y de manera preventiva para evitarle un futuro donde no pueda ni caminar, cojee o padezca de dolor en la zona de la cadera.
Este procedimiento es posterior a una previa radiografía o palpamiento, y, dependiendo de qué otros síntomas tenga el perro, se le pueden hacer dos tipos de operaciones (sólo para perros que no tengan ya artritis) que pueden reducir los efectos de una displasia desde el primer año de edad.
Si tu peludo tiene entre 10 a 18 semanas de nacido, además de llevarlo al veterinario para que reciba sus inyecciones, puedes hacerle los señalados test de detección. Si presenta algún indicio o evidencia de un posible cuadro de displasia, realizar esta intervención quirúrgica, la cual no es invasiva, que permitirá que la pelvis se reduzca, mientras que acetabulum crece de manera controlada por sobre la bola del extremo del hueso femoral, proceso que mostrará resultados a los 4 a 6 meses posteriores a la operación (tiempo donde se recomienda enérgicamente no pasear a tu perro a menos que lo lleves con correa).
Siendo un procedimiento sencillo, tu engreído irá a casa contigo el mismo día de la intervención.
Ten en cuenta que esta operación condiciona su éxito con el buen crecimiento de tu perrito, ello lo lograrás con una dieta en pienso para perros bajo en proteínas (20% a 21% menos), que tendrás que hacer un seguimiento hasta los 12 meses.
A los 10 meses de edad, tendrás que llevarlo al veterinario para confirmar que la operación ha dado buenos frutos: tu can crecerá sin un dolor en la cadera comprometida.
Este también es idea para perros jóvenes (8-10 meses de edad) que tengan displasia pero sin condiciones de artritis. Esta operación consiste en cortar el hueso de la pelvis en dos y hasta tres partes (por eso el doble o triple), para que la parte cóncava pueda ajustarse de manera ideal a la bola del hueso femoral. Esta intervención es aplicada hasta en personas y puede resultar mucho menos invasiva (de dos a solo tres cortes) si se colocan implantes.
Esta alternativa de tratamiento no es para nada recomendable para perros adultos con síntomas avanzados.

Ideal como “último recurso” para perros que nos les resultó bien ni el primer no el segundo tratamiento. El procedimiento se hace al año de edad y debe hacerse un seguimiento médico desde cachorro para que el can llegue bien al día de la operación. Si bien esta alternativa es la más invasiva de todas, es la segunda más efectiva.
Tal como indica su nombre, tanto la bola del hueso femoral como el acetabulum son extraídos y reemplazados por implantes de metal y polietileno (plástico) y son colocados y fijados con pegamento para hueso, pernos de metal o un método que implica un pegado natural con el crecimiento de los huesos.
Este tratamiento, a diferencia de los demás, puedes hacerlo en cualquier etapa de vida de tu engreído, siempre y cuando pesen menos de 30 kg.
Este procedimiento consiste en retirar la cabeza (o bola) del hueso femoral para evitar que la ya existente con complicaciones desgaste el cartílago o estire el tejido suave, ambos ubicados entre los huesos que forman la conjunción de la cadera.
Es importante acotar que este procedimiento no busca replicar el natural movimiento de las extremidades involucradas sino aliviar el dolor a causa del mal.
Se recomienda que luego de dos semanas de la operación, tu perro debe realizar ejercicios seguidos del uso de antiinflamatorios a diarios en los dos primeros meses post intervención. Luego de ellos, el uso de medicación será intermitente.
Tras esta operación, tu perro tendrá que tener una dieta que lo mantenga con su peso ideal, deberá realizar ejercicios limitados y confinamiento.

Las medidas de prevención para la displasia de cadera en perros van desde el uso de arneses, alimento bajo en proteínas y condroprotectores, entre otros:
La displasia de cadera canina es más común en perros grandes como los grandes daneses, San Bernardo, líneas de Pastor Alemán y Rottweilers. Sin embargo, los perros de razas medianas como perros perdigueros, bulldogs y pugs también son susceptibles a esta condición genética.
Las razas de perros más propensas a desarrollar displasia de cadera son principalmente los perros grandes y de peso prominente:
También hay razas de perros de tamaño pequeño o mediano que pueden padecer displasia de cadera, como: